¿A qué se parece la educación?

Cuando hablamos de la educación de nuestros hijos sin duda todos tenemos en mente algunas creencias de cómo debería ser una buena educación.  Para algunos,  hay viejas recetas que  nunca deben olvidarse y, para otros, lo mejor siempre está por venir en las novedades de nuestro mundo.

A continuación presento algunos modelos que nos pueden ayudar a confrontar  esas creencias que nos hemos hecho sobre el proceso educativo. ¿A qué se parece la educación?

La educación como agricultura

A la agricultura

La buena educación es colaborar con las fuerzas de la naturaleza para que los niños y los  jóvenes crezcan y maduren como un árbol hasta dar frutos.  Los padres de familia, los docentes no controlan el crecimiento o el desarrollo, lo dejan fluir.  Dejan que se desarrolle la semilla que cada ser humano lleva dentro.  La labor de la educación, por tanto, es  preparar condiciones apropiadas para que cada persona de frutos en los ciclos establecidos por la naturaleza.

Esta forma de ver la  educación suena vigorosa, espontánea y romántica.  Pero, ¿cómo se explica que alguien no quiera estudiar? ¿La espontaneidad siempre tiene alguna dirección? ¿Hay un único ciclo de la vida para todos?

La educación como el Reloj del Universo

Al reloj del Universo

Frente al caos está el reloj que marca la vida en pequeñas unidades de tiempo. El ser humano, por tanto, puede controlar cada momento de su vida y darle el rumbo que desea. La educación es caótica pero puede segmentarse, dosificarse y así establecer una ruta para los estudiantes.  Un poco de matemáticas, un poco de letras, un poco de deporte, un poco de arte, un poco de religión, un poco de todo.  Articulado como las piezas de un reloj.  La clave del éxito está en el diseño del reloj y que cada estudiante cumpla con lo que se espera de él.

De lo espontáneo pasamos al diseño voluntario, al seguimiento de las reglas de humanas que guían la educación. Pero, ¿quién diseñó el reloj? ¿A cuáles  valores responden esas reglas?

La educación como línea de ensamblaje

A la línea de ensamblaje

Del reloj es casi natural pasar a la línea de ensamblaje.  Primero los relojes fueron artesanales, ahora se producen en serie.  Somos cada vez más eficaces y eficientes, la educación debería seguir este ejemplo.  Hay que tener objetivos, hay que aplicar procedimientos establecidos, hay que evaluar y corregir.  Si todo se aplica bien habrá una ruta eficaz y eficiente en educación que otros podrán imitar. Una talla única para todos.

Es normal, por tanto, que el fin de la educación sea la evaluación. La evaluación cumple la función de control de calidad: ¿los estudiantes aprenden lo expresado en los objetivos? ¿Cuándo los estudiantes no salen bien en las pruebas, quiénes son los responsables?

La educación como Matrix

A Matrix

Las más recientes modas aspiran a la tecnologización de la educación. Se considera que la tecnología debe verse como algo natural pues está presente en cada rincón de la vida. Incluso se parece mucho al cerebro humano, son inteligentes como nosotros: teléfono inteligente, pantalla inteligente, robots inteligentes…  Cada día el cerebro humano procesa información como ellos. Una sinergia perfecta.

Tener tecnología en el aula es innovar.  Sin embargo, la realidad es que aún seguimos atrapados en Matrix. ¿Qué quiere decir esto? El reloj del Universo y la línea de ensamblaje aún son paradigmas dominantes de nuestra realidad educativa.  Hay tecnología en las aulas, pero los mismos valores de antes, con la dosificación y atomización del conocimiento, siempre  pesando en pasar los exámenes.  ¿Realmente la tecnología nos hace innovar y pensar diferente?

La educación como arte

A la Mona Lisa

Se dice que la Mona Lisa es la más conocida, la más visitada, la más cantada  y más parodiada obra de arte del mundo. Es el símbolo, por tanto, de la comparación  que aquí quiero hacer de la educación como arte.

La educación, como el arte, busca la expresión: que cada quien pueda expresarse de acuerdo a su vivencia y a quien es.  Sean niños, adolescentes o adultos, todos necesitan que su forma de ver el mundo sea comprendida y reconocida por los otros.  La uniformidad es ilusoria porque todos personalizamos nuestro proceso educativo.

En segundo lugar, la educación debe ser altamente creativa. Convertir el proceso educativo en rutina, si bien crea familiaridad y seguridad, también es desmotivante y genera poco placer. Que tanto docentes como estudiantes tengan la oportunidad de crear y de innovar es esencial para disfrutar.

Para finalizar

Luego de leer estos modelos es probable pensar que la educación debe tener un poco de cada uno de ellos. Sin embargo, la historia nos demuestra que  en la práctica suelen predominar uno o dos. La crisis actual de la educación  justamente se debe a modelos agotados, que buscan mantener vigencia a pesar de sus malos resultados.

La educación se encuentra en proceso de transformación y hay muy buena evidencia tanto de prácticas que deben abandonarse, como de proyectos educativos innovadores. Los avances en diversos campos, como la neurociencia educativa, demandan a los profesionales en educación a estar actualizados.

Volviendo a la pregunta ¿a qué se parece la educación? Lo más justo sería decir que cada vez debería parecerse a sí misma. Hasta el momento las comparaciones la han limitado y la han deformado.

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¿A qué me dedico? Artista de la educación

¿Artista de la educación?

Así es. No estoy diciendo que enseño alguna de las artes en mis clases o que sea reconocido como artista por mi contribución a la cultura del país.  Soy educador de adolescentes y he trabajado en colegios.  Gracias a esta experiencia es que puedo decir: soy un artista de la educación.

Las mejores clases con mis estudiante no tenían su origen en ningún texto, no seguía la taxonomía de Bloom (o cualquier otra), tampoco me preocupaba el asunto de la evaluación.  Las mejores clases nacían de la intuición, de la experiencia como docente, del conocimiento de los estudiante,  de la investigación, de la creatividad, de la imaginación.  Por eso,  mis mejores clases eran un obra de arte, no el resultado de seguir al pie de la letra una receta o planificar cada detalle de forma lineal.

Docentes: sigamos nuestra intuición y experiencia

El otro día la maestra de mi hija se mostró preocupada por el nuevo programa de estudio que estaba implementando.  Aunque había cosas que le gustaba del programa,  el planeamiento le parecía un asunto complicado. De repente no sabía que hacer con los famosos verbos de Bloom, no lograba acomodarlos como quería.

Cuando me contó,  inmediatamente le dije: ¡Confíe en su intuición y su experiencia como maestra!

De hecho la taxonomía de Bloom se ha tomado como si esta describiera cómo el ser humano aprende. Como si fuera una teoría sobre la complejidad del conocimiento humano. ¡Qué ilusión más grande! Apenas estamos aprendiendo cómo los seres humanos aprendemos. Las lecturas sobre psicología cognitiva, neuropsicología, neuro educación  u otro campo similar son mucho más provechosas que esta taxonomía.   La taxonomía es una herramienta para planificar, nada más.  ¡Ojalá pronto la dejemos de usar!

La educación para reinventarnos

“La educación es el proceso de aprender a reinventarnos a nosotros mismos” Elliot Eisner

Ciertamente la rutina de hacer lo mismo en clases crea familiaridad y seguridad, pero también nos desmotiva y no genera mucho placer. En cambio crear, innovar,  genera placer.  Este placer nos impulsa a llegar más lejos.  Poco a poco aprendemos a reinventarnos como docentes.   Es una tarea de nunca acabar.   Pero sabemos que somos mejores docentes que hace unos años.

Termino este escrito invitando a los docentes mirar hacia atrás y pensar cómo sus mejores lecciones son una obra de arte.

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Más allá de las letras y los números

                                No todo lo que importa puede medirse,                                                   ni todo lo que puede medirse importa.                         Elliot Eisner

Empiezo una nueva etapa en la redacción de este blog educativo, fruto de un nuevo balance en mi pensamiento y experiencia como educador.

Elliot Eisner (1933-2014)

Dedico esta primer escrito a uno de los autores que me abrió los ojos y el corazón para ver el proceso educativo desde otra perspectiva. Se trata de Elliot Eisner quien fue profesor de arte y educación en el Graduate School of Education de la Universidad de Stanford.

Elliot me recordó que antes de usar el lenguaje verbal y escrito, ya  la realidad había dejado en mi su huella de conocimiento.  Por tanto, todo ser humano puede expresar de diversas formas su conocimiento , más allá de las letras y los números.

Lamentablemente, el currículo escolar  ha marginado otras formas de expresión que la cultura nos ofrece: la pintura, el teatro, la escultura, la danza, el canto…  Todo se ha reducido a enunciados que deben ser corroborados a través de métodos estandarizados.

Estas ideas son muy actuales para la revolución educativa que anhelamos, pues,  se plantea una nueva forma de ver la cognición humana más plural, flexible y personal.

Los estudios actuales en cognición humana confirman esta idea: cuando una información se presenta de múltiples formas al estudiante lo comprenderá mejor que sólo si se presenta de una forma.

Para profundizar en este autor son recomendables los siguientes obras:

Cognición y Curriculum (1998) y La Escuela que necesitamos: ensayos personales (2002)

 El siguiente video puede introducirnos a su pensamiento:

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Para difundir el pensamiento educativo